Biografia
Jaime I de Aragón el Conquistador (Montpellier, 2 de febrero de 1208 – Alcira, 27 de julio de 1276) fue rey de Aragón (1213–1276), de Valencia (1239–76) y de Mallorca (1229–1276), conde de Barcelona (1213–1276), señor de Montpellier (1219–1276) y de otros feudos en Occitania.
Hijo de Pedro II el Católico y de María de Montpellier, era el
heredero de dos importantes linajes: la Casa de Aragón y el
de losemperadores de Bizancio, por parte de su madre. Tuvo
una infancia difícil. Su padre, que acabaría repudiando a la
reina, sólo llegó a concebirlo mediante engaño de algunos
nobles y eclesiásticos que temían por la falta de un sucesor,
y la colaboración de María, haciendo creer a Pedro que se
acostaba con una de sus amantes. Estas circunstancias
produjeron el rechazo de Pedro II hacia el pequeño Jaime, a
quien no conoció sino a los dos años de su nacimiento. A
esa edad, el rey hizo un pacto matrimonial para entregar a su
hijo Jaime a la tutela de Simón, Señor de Montfort, para
casarlo con la hija de éste, Amicia, para lo cual el niño iba a
ser recluido en el castillo de Carcasona hasta los 18 años.
heredero de dos importantes linajes: la Casa de Aragón y el
de losemperadores de Bizancio, por parte de su madre. Tuvo
una infancia difícil. Su padre, que acabaría repudiando a la
reina, sólo llegó a concebirlo mediante engaño de algunos
nobles y eclesiásticos que temían por la falta de un sucesor,
y la colaboración de María, haciendo creer a Pedro que se
acostaba con una de sus amantes. Estas circunstancias
produjeron el rechazo de Pedro II hacia el pequeño Jaime, a
quien no conoció sino a los dos años de su nacimiento. A
esa edad, el rey hizo un pacto matrimonial para entregar a su
hijo Jaime a la tutela de Simón, Señor de Montfort, para
casarlo con la hija de éste, Amicia, para lo cual el niño iba a
ser recluido en el castillo de Carcasona hasta los 18 años.
A la muerte de su padre, durante la cruzada albigense, en la
batalla de Muret (1213), Simón de Montfort se resistió a
entregar a Jaime a los aragoneses hasta después de un año
de reclamaciones y sólo por mandato del papa Inocencio III.
Durante su minoría de edad, estuvo bajo la tutela de los
caballeros templarios en el castillo de Monzón, habiendo sido
encomendado a Guillem de Mont-Rodon, junto con su primo
de la misma edad, el Conde de Provenza Ramón Berenguer
V. Mientras, actuaba como regente del reino el conde
Sancho Raimúndez, hijo de Petronila de Aragón y Ramón
Berenguer IV y tío abuelo de Jaime. Heredó el señorío de
Montpellier a la muerte de su madre (1213).
Huérfano de padre y madre, tenía unos 6 años cuando fue
jurado en las Cortes de Lérida de 1214. En septiembre de
1218 se celebraron por primera vez en Lérida unas Cortes
generales de aragoneses y catalanes, en las cuales fue
declarado mayor de edad.
En febrero de 1221 se desposó en la Catedral de Tarazona
con Leonor de Castilla, hermana de Doña Berenguela y tía
de Fernando III de Castilla. Anulado su primer casamiento
por razón de parentesco, contrajo segundo matrimonio con la
princesa Violante (8 de septiembre de 1235), hija de Andrés
II, rey de Hungría. Por el testamento de su primo Nuño
Sánchez, heredó los condados de Rosellón y Cerdaña y el
vizcondado de Fenolleda en Francia (1241).
Reinado
Durante los quince primeros años de su reinado, mantuvo
diversas luchas contra la nobleza aragonesa, que incluso
llegó a hacerle prisionero en 1224. En 1227 afrontó un nuevo
alzamiento nobiliario aragonés, dirigido por el infante
Fernando, tío del rey, que terminó, gracias a la intervención
papal a través del arzobispo de Tortosa, con la firma de la
concordia de Alcalá (marzo de 1227). Este tratado marcó el
triunfo de la monarquía sobre los levantiscos nobles, dándole
la estabilidad necesaria para iniciar las campañas contra los
musulmanes. Esta estabilidad logró el apaciguamiento de las
reclamaciones de la nobleza.
diversas luchas contra la nobleza aragonesa, que incluso
llegó a hacerle prisionero en 1224. En 1227 afrontó un nuevo
alzamiento nobiliario aragonés, dirigido por el infante
Fernando, tío del rey, que terminó, gracias a la intervención
papal a través del arzobispo de Tortosa, con la firma de la
concordia de Alcalá (marzo de 1227). Este tratado marcó el
triunfo de la monarquía sobre los levantiscos nobles, dándole
la estabilidad necesaria para iniciar las campañas contra los
musulmanes. Esta estabilidad logró el apaciguamiento de las
reclamaciones de la nobleza.
Conquista de Mallorca
Ante los ataques de los piratas
mallorquines, los mercaderes de Barcelona, Tarragona y
Tortosa pidieron ayuda al monarca para acabar con la
amenaza. Así, en una reunión de Barcelona (diciembre de
1228) le ofrecieron sus naves, mientras que los nobles
catalanes acordaron participar en la empresa a cambio del
botín y dominios territoriales. En otra reunión en Lérida, los
nobles aragoneses aceptaron las mismas condiciones, pero
sugirieron al rey que la empresa se dirigiera contra los
musulmanes de Valencia, por lo que su participación no sería
significativa.
mallorquines, los mercaderes de Barcelona, Tarragona y
Tortosa pidieron ayuda al monarca para acabar con la
amenaza. Así, en una reunión de Barcelona (diciembre de
1228) le ofrecieron sus naves, mientras que los nobles
catalanes acordaron participar en la empresa a cambio del
botín y dominios territoriales. En otra reunión en Lérida, los
nobles aragoneses aceptaron las mismas condiciones, pero
sugirieron al rey que la empresa se dirigiera contra los
musulmanes de Valencia, por lo que su participación no sería
significativa.
Aunque un grupo de caballeros aragoneses tomó parte en la
campaña debido a sus obligaciones con el rey, la conquista
de Mallorca sería una empresa fundamentalmente catalana
(catalanes serían también posteriormente la mayoría de sus
repobladores). El 5 de septiembre de 1229, la escuadra
catalana, compuesta por 155 naves, 1.500 caballeros y
15.000 soldados, zarpó de Tarragona, Salou y Cambrils, para
conquistar Mallorca a Abú Yahya, el gobernador almohade
semi independiente de la isla.
Las tropas aragonesas desembarcaron en Santa Ponsa y
vencieron a los musulmanes en la batalla de Portopí (13 de
septiembre de 1229). Los musulmanes se refugiaron tras las
murallas de Palma (Madina Mayurqa) y crucificaron a varios
soldados aragoneses a la vista de las tropas de Jaime. Éstas
poco después tomaron y pasaron a cuchillo a la población de
la ciudad (diciembre de 1229) y se apoderaron de la isla en
pocos meses, salvo un pequeño núcleo de resistencia
musulmana que logró mantenerse en la sierra de
Tramontana hasta 1232. Los pobladores musulmanes
huyeron a África o fueron esclavizados, mientras que la isla
fue repoblada con catalanes.
Después de pasar a cuchillo la población de Madina
Mayurqa, la cantidad de cadáveres fue tal que se produjo una
epidemia que diezmó el ejército de Jaime I. Por añadidura,
los nobles catalanes intentaron quedarse con el botín,
provocando una revuelta que debilitaría aún más el poder
militar de Jaime I.
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